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Didáctica Cofrade

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Primera entrega de esta sección escrita por el Vice-Hermano Mayor Juan Gabriel Pérez Martín y publicada en el número 1 del boletín de la Cofradía, destinada a la formación de los Hermanos. Nacida para contestar las preguntas de todos vosotros relacionadas con nuestra Cofradía y la Semana Santa en general, puedes enviar todas tus dudas a nuestro correo electrónico y en sucesivas ediciones te serán explicadas.
Hace más de veinte años que tengo el honor de ostentar el cargo de Vicehermano Mayor de nuestra Cofradía. Desde el primer momento he considerado que una de mis obligaciones principales como directivo de la asociación era cuidar que los miembros de la misma se formaran debidamente para el ejercicio del apostolado propio de los laicos, según lo indicado por el canon 329 del Código de Derecho Canónico. En cumplimiento de ello, a lo largo de la última década he venido publicando en nuestra página web y en diversos medios de comunicación, una serie de artículos que ayudaran en la instrucción de todos los hermanos a la par que relatan, desde una perspectiva histórico-religiosa, los orígenes de la Cofradía del Desenclavo, la Semana Santa lucense, algunos actos y procesiones en particular, o el ejemplo de vida de sus fundadores.
En este primer número de nuestro boletín me decido a responder brevemente, de una manera didáctica como si de una clase se tratara, alguna de las principales cuestiones en torno a la idiosincrasia de la Semana Santa que suelen preguntar a menudo los fieles a cualquiera de nosotros en el ejercicio de nuestra labor proselitista, y que de paso pueden ayudar a entender de una manera más profunda nuestra peculiar manera de ser, estar y actuar.

1ª.- ¿En qué periodo de la historia aparecen en España las cofradías penitenciales, las procesiones de Semana Santa y sus pasos con imágenes sagradas?

Las cofradías penitenciales y las procesiones de Semana Santa en España remontan su origen a la Baja Edad Media, consolidándose durante el Renacimiento las llamadas cofradías de sangre o de Disciplinantes de la Vera Cruz. Con la Contrarreforma, al objeto de responder a las críticas de la herejía protestante a las penitencias, la Orden Franciscana favorece la expansión por todo el territorio nacional de las cofradías de penitentes y el culto a los santos. El espaldarazo definitivo lo pone el Concilio de Trento en su sesión XXV acordando favorecer a las cofradías penitenciales como medio de atracción laica a las manifestaciones pastorales y exhortando a los fieles a la veneración de las imágenes y a penitenciarse como acto de culto. Al amparo de este importante hecho, las cofradías que proliferan por conventos y parroquias alcanzan su máximo desarrollo entre 1570 y 1750, respondiendo a lo que se dio en llamar cofradía barroca o potenciadora de la exteriorización del desfile procesional con ayuda de imágenes de sereno y patético realismo sobre recargadas carrozas o tronos. Es por tanto desde el Concilio de Trento, cuando las imágenes sagradas portadas en pasos comienzan a incorporarse paulatinamente a las procesiones penitenciales de Semana Santa.

2ª.- ¿Qué podemos decir en general de las Procesiones de Semana Santa?

¿Cuál fue la causa de su aparición en España?-

El concilio Vaticano II, en el capítulo VII de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia que trata del arte y de los objetos sagrados, al mismo tiempo que intenta adaptarse a las expresiones artísticas de nuestro tiempo, resume el sentir de la Iglesia en otras épocas: servirse de las artes y adecuarse a las condiciones de los pueblos y de los tiempos, no considerando “como propio estilo artístico alguno”.
La Iglesia católica es consciente desde el concilio de Trento de la importancia que tiene la imagen, especialmente la de Cristo y María, y en general, el arte sacro, no sólo como apoyatura de los sentidos para la religiosidad del pueblo sencillo, sino como medio exaltador y propagandístico(1) . La llamada al sentimiento en las expresiones artísticas de los pasos de la época, y con ella la corriente penitencial y el auge de los nuevos temas y tipos, que se remonta en su origen al franciscanismo del siglo XIII, con la exaltación de una sosegada y conmovedora realidad, busca combatir la postura contra el culto a las imágenes, los santos y las reliquias de la herejía protestante, y convertirse en prototipo de piedad sentimental y popular de amplia aceptación. En una etapa de la historia de nuestro continente de gran martirio y dolor entre los católicos por defender la pureza de la fe, Jesucristo se convierte por antonomasia en el gran mártir, y María sintetiza el sufrimiento de todo un pueblo. De ahí, de esas tendencias, el auge y predominio de la plástica escultórica como la más apta para sintetizar lo concreto y lo real, la culminación de la misma con absoluto dominio de lo religioso, y la preferencia por la talla en madera que puede adquirir mayor realismo, cercanía y transfiguración por medio de una rica policromía. De ahí también la extraordinaria floración de artistas y talleres (sobre todo en las regiones de Castilla y Andalucía), y el consiguiente apogeo de las procesiones de Semana Santa.
Tales procesiones llegaron a convertirse en auténticas representaciones con todas las características de un drama teatral. Las distintas escenas pasan a ser sustituidas por las correspondientes de la Pasión reproducidas en los pasos que desfilan por las calles de las ciudades y villas entre sentimientos de veneración, piedad, compasión, ira y religioso respeto. El pueblo participa intensamente, contempla la Pasión de Cristo, asume sus dolores y sufrimientos, vive los sucesos con apasionamiento superior al de la ficción teatral. Y esto en un periodo en el que el teatro estaba en dorado florecimiento, un teatro brillantísimo que se ve precisado a reservar su aspecto religioso para las “comedias de santos” y los autos sacramentales. La importancia que adquieren las procesiones de Semana Santa, que se multiplican en gran número por las poblaciones y gozan del general favor popular, se constata al compararlas con el escaso número de representaciones teatrales barrocas de la Pasión. Por ello, más que ninguna otra expresión plástica religiosa, incluso por encima de las representaciones de religiosos y de éxtasis, los desfiles procesionales de Semana Santa sintetizan mejor que otras muestras el poder persuasivo y el influjo del arte religioso, así como la capacidad de un arte para expresar valores religiosos según el sentir de una época y fomentar al mismo tiempo la emotividad y los sentimientos religiosos de un pueblo.

¿Qué pretendía la Iglesia española con su introducción?

Desde sus inicios, las procesiones de Semana Santa buscaban:
- Presentar corporeizados y escenificados los momentos de la Pasión y Muerte de Nuestro Salvador a un pueblo muy indoctrinado en los principios básicos de la fe y constantemente amenazado por la herejía que combatíamos en Europa, según las austeras exigencias del espíritu reformador.
- Mover a los fieles a la sensibilidad religiosa, a la devoción a los Sacramentos y a Nuestra Señora, y al respeto y veneración del culto sagrado.
- Partiendo del hecho básico de que el hombre es pecador, fomentar la dimensión penitencial.
La Iglesia Católica, apoyada en la autoridad de los más antiguos Santos Padres, introduce las procesiones en su liturgia para excitar y aumentar la piedad de los fieles, para manifestar públicamente los divinos beneficios recibidos, para dar gracias a Dios por ellos y para implorar la protección del Señor.

¿Y con la del resto de procesiones del calendario litúrgico?

Las procesiones encierran magníficos y divinos misterios y vienen a significar una profesión pública de nuestra fe; una adoración de Dios y reconocimiento de nuestra pequeñez y miseria. Acudimos con oraciones y cánticos litúrgicos al supremo Hacedor, y celebramos sus grandezas en las procesiones del Santísimo Sacramento, de las Sagradas Reliquias y de los Santos Patronos de los pueblos. Rogamos por las almas del Purgatorio en las de los difuntos; suplicamos misericordia en las de tiempo de guerra, de hambre, de pestes, etc., pedimos al Señor algunos bienes en las procesiones de rogativas; o finalmente, hacemos penitencia en las de la Semana Santa para expiar nuestros pecados y purificarnos de nuestras culpas.

3ª.- ¿Qué es una cofradía?

Las cofradías son congregaciones o asociaciones de fieles formadas para ejercitarse en prácticas y obras de piedad.

4.- ¿Qué tipos de cofradías existen?

Podemos distinguir tres tipos:
- Religiosas con esta exclusiva orientación.
- Religioso-benéficas para ayuda, asistencia y amparo de sus miembros.
- Gremiales.

5ª.- ¿Nuestra cofradía a que tipo pertenece?

Cuando en 1947 se erige formalmente como cofradía penitencial, la Cofradía del Desenclavo del Señor, el Corpus Iuris Canonici legislaba, reconocía y disciplinaba en los capítulos II y III de su parte III, libro II, cánones 701 a 725, tres clases de asociaciones de fieles: terceras órdenes, cofradías y pías uniones. La constitución de las mismas sólo podía lograrse mediante decreto formal de erección dado por el ordinario del lugar o por el Romano Pontífice. En virtud de este decreto gozaban de personalidad jurídica. El canon 707 decía que las asociaciones de fieles que fueran erigidas para ejercer alguna obra de piedad se denominaran pías uniones y que cuando éstas se constituyeran como un cuerpo orgánico se les llamaría hermandades, las cuales, a su vez, si se fundaran para fomentar un determinado culto público, se llamarían cofradías.
Las cofradías penitenciales pertenecen, por tanto, al primer grupo, es decir, a las religiosas con esta exclusiva orientación, habiendo sido creadas en su momento con la intención de promover el culto a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y la práctica de la penitencia.

6ª.- ¿Qué es la penitencia?

La penitencia es un precepto divino. En el Antiguo Testamento el mismo Dios se reservó un día para la penitencia: el día de la expiación (Lev. 23, 29). Jesucristo se refiere a ella como práctica imprescindible para la salvación: “Yo os digo que, sino hiciereis penitencia, todos igualmente perecereis” (Luc.13, 3-5).
El vigente Código de Derecho Canónico reafirma la obligación por ley divina de hacer penitencia (canon 1249), recordando los tiempos de su realización en la Iglesia universal: todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma (canon 1250).

7ª.- ¿Cuál es el motivo por el que a los cofrades se les denomina con el nombre de penitentes?

Son conocidas como cofradías penitenciales las asociaciones de fieles con exclusiva orientación religiosa que entre sus cultos promueven la práctica de la penitencia. Debido a ello, se ha podido calificar a los cofrades componentes como penitentes, cuando con tal fin, acuden con su hábito en corporación a desfilar en las procesiones de Semana Santa, o sin indumentaria especial a otros actos, movidos por un ánimo expiatorio y no impetratorio.

8ª.- ¿Cuál es la razón principal por la que los penitentes realizan su práctica penitencial?

Los penitentes de los desfiles procesionales de Semana Santa, llevados por el espíritu antes citado, intentan expiar, con sus mortificaciones y disciplinas, las faltas cometidas, pensando que si han pecado, a menudo lo han hecho por amor a la comodidad y el placer, y es justo que expíen sus culpas con incomodidades y sufrimientos.

9ª.- ¿Por qué esta práctica se hace en público durante las procesiones?

Para reconocerse públicamente ante los demás fieles en la condición de pecador.

10ª.- ¿Por qué visten hábito los penitentes?

El hábito religioso no es uniforme de gala o de prevalecencia, es señal de humildad y modestia. Los penitentes, además, lo usamos para distinguirnos ante los demás fieles en nuestra condición de pecador.
El motivo de su utilización por todos los penitentes fue y es, mostrar un indicativo en público de la condición de pecador de su portador, y añadir al sentir expiatorio de los rigores, mortificaciones y disciplinas penitenciales ejecutadas en las procesiones de Semana Santa, un gesto de humillación personal ofrecido voluntariamente a Dios para incrementar su pena a imitación de Jesús el Salvador, que siendo Hijo de Dios, libremente se deja humillar en la Pasión antes en morir en la Cruz por la salvación de todos los hombres redimiéndolos del pecado original. El penitente reconoce públicamente que ha pecado y públicamente se confiesa ante todos pecador, y una vez cumplidos los demás requisitos exigidos para una auténtica confesión, recibe el perdón de Dios Nuestro Señor, que esperanzadoramente, como profética promesa, jamás rechaza ni al más empecatado de los pecadores.
“Humíllate a Dios, y espera de su mano” (Eclesiástico 13, 9).
“Porque todo aquel que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lucas 18, 14).

11ª.- ¿Cuál es el origen del capuz del penitente español?

El Tribunal de la Inquisición se funda en España en 1478, con aprobación del Santo Padre y a propuesta de los Reyes Católicos. En ese tiempo comienza a gestarse el concepto de cofradía penitencial de Semana Santa española, tal y como ha acabado por consolidarse en la historia. A causa de su mejor preparación teológica y su rechazo de las ambiciones mundanas, el cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a dominicos y franciscanos. La Orden Franciscana es la introductora en todo el orbe cristiano de la representación escénica y la celebración en culto público de los principales misterios de la vida de Cristo y la fundadora en España de las primeras cofradías penitenciales de Semana Santa. A partir del Renacimiento, empieza a extenderse por todas las ciudades y pueblos españoles la costumbre de incorporar al hábito de los penitentes una nueva prenda: el capuz. Este ropaje, que hoy en día visten todos los penitentes españoles sobre la cabeza tapando el rostro, procede de las cofradías promovidas por los franciscanos en la misma época que se creaba el Tribunal de la Inquisición. Por aquel entonces, a los infractores arrepentidos y reconciliados, el tribunal les imponía como pena la obligación de usar sobre los hombros durante un determinado tiempo, un deshonroso distintivo consistente en un capotillo o escapulario de tela que llegaba hasta la cintura conocido como sambenito, además de un cucurucho colocado a modo de humillante casco. La combinación de ambas prendas con el añadido de la faz cubierta, preservando de este modo la intimidad del acto penitencial ante el Creador, origina el capuz del penitente español.

12ª.- Finalmente, el destacado papel que la Orden Franciscana tiene en la fundación en España durante ese periodo de las primeras cofradías penitenciales y procesiones de Semana Santa, ¿también lo tuvo en nuestra ciudad?

Sin lugar a dudas. La representación escénica y el culto público de los principales misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo que perviven en la tradición católica de nuestra patria española tienen su origen en el franciscanismo, de igual manera que a San Francisco de Asís se debe la introducción en el pueblo cristiano de otras expresiones de piedad y espiritualidad popular tan importantes como la costumbre navideña, hoy en día extendida por todo el orbe, de escenificar el nacimiento del Señor con el tradicional Belén de figuritas de barro. No es de extrañar por tanto, que la ciudad del Sacramento también fuera moldeando siglo tras siglo su religiosidad en estas muestras de arte y sentimiento influenciada por la seráfica hermandad, que nos impregnó de estas recogidas costumbres, conservando en la actualidad, como preciado recuerdo de sus antepasados, la tradición de representar de un modo escénico algunos de los pasos de la Pasión y Muerte del Hijo de Dios.
En los amplios claustros del antiguo convento de San Francisco(2) se interpretaban ya antes del siglo XVII en los días de Semana Santa las principales escenas de la Pasión, acudiendo todos los lucenses a presenciar estas dolorosas y conmovedoras ceremonias que se tenían que repetir en varias sesiones, pues aún cuando los claustros eran extensísimos, no podían dar cabida a las gentes que venían incluso de los pueblos inmediatos.
Buena prueba de todo lo dicho hasta ahora lo constituye el hecho de que otras devociones fomentadas desde ese mismo siglo en el pueblo de Lugo por la Orden Franciscana de Menores(3) , como el culto a la Virgen de la Soledad, sirvieran de germen de los futuros desfiles procesionales cuando, conforme al orden litúrgico y al modo introducido en otras ciudades, se las desposeyera del carácter que tenían en el claustro dándoles la expresión propia de la calle (advocación bajo la que todavía hoy se mantiene la capilla de la Orden Franciscana Seglar(4) e imagen que junto a la del Cristo Yacente, constituían los pasos de la procesión más antigua de nuestra Semana Grande: la Procesión del Santo Entierro organizada por la Venerable Orden Tercera de San Francisco V.O.T.).
De esta capilla de la Soledad, inaugurada en noviembre de 1698, todos los Viernes Santo, después del sermón del Desenclavo que comenzaba a las cinco de la tarde y que era predicado por un fraile de San Francisco, salía esta procesión con los fieles distribuidos en dos filas de a tres en fondo(5) , (excepción hecha de los años comprendidos entre 1808 y 1812 que esta capilla, propiedad de la Venerable Orden Tercera, se vio obligada a interrumpir el culto a la imagen de la Virgen de la Soledad a causa de la invasión napoleónica profanadora del templo, que lo convirtió en caballeriza y establo del ejército francés) (6).
A continuación y entrecomillados, se reproducen unos párrafos del libro publicado sobre las Cofradías de Semana Santa de nuestra ciudad que hacen referencia a algunas de nuestras aseveraciones:
“La Semana Santa Lucense fue siempre humildemente grande porque, prácticamente, sobre todo en épocas pasadas, “todo” el pueblo de Lugo participaba en ella.”
“Los PP. Franciscanos (y Dominicos) han sido, y son (sobre todo por lo que a los primeros se refiere) parte integrante de nuestra Semana Santa, no sólo en un pasado remoto, sino también en el presente.
En el fomento devocional hacia la Pasión de Jesús la Orden de San Francisco y, en concreto, a través de la Orden Tercera, tuvo un despliegue muy considerable.
Que la procesión del Santo Entierro (la única que desde tiempo inmemorial se celebraba en Lugo hasta el año 1948), pertenece a la más genuina esencia actual franciscana, entiendo personalmente, no puede ponerse en tela de juicio. Muy probablemente que en tiempos pretéritos dicha procesión (no falta quién la remonta al siglo XIV en Lugo), partiría del Convento de S. Francisco (Iglesia, hoy parroquial de S. Pedro), y una vez construida e inaugurada la Capilla actual (Soledad), terminada su construcción en 1698, sería aquí donde iniciaría su andadura procesional la comitiva del Santo Entierro, como continúa haciéndolo en nuestros días.” (7)
Por todo ello, a nadie puede sorprender, y no podía ser de otra manera, que la primera Cofradía Penitencial que vio la luz en la ciudad de Lugo, la más antigua de todas ellas, la Cofradía del Desenclavo del Señor y de los Mayores Dolores de María Santísima, fuera una Cofradía surgida en el seno de la Venerable Orden Tercera, estuviera fundada por un padre franciscano y se erigiera canónicamente en la iglesia Conventual de los RR. PP. Franciscanos de nuestra capital: “una verdadera Cofradía Franciscana”.

Ciudad del Sacramento, Pascua de 2008.
Foto de noticia.