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HISTORIA DE LA PROCESIÓN DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES EN LA CIUDAD DE LUGO

Foto de noticiaEn la tarde del Domingo de Ramos de la Semana Santa que nos disponemos a vivir los católicos lucenses, la Cofradía del Desenclavo del Señor y de los Mayores Dolores de María Santísima restablece por segunda vez en la historia de la hermandad y tras un paréntesis de casi cuarenta años desde la última suspensión, la tradicional Procesión de la Virgen de los Dolores.

Las cofradías penitenciales y las procesiones de Semana Santa en España remontan su origen a la Baja Edad Media, consolidándose durante el Renacimiento las llamadas cofradías de sangre o de Disciplinantes de la Vera Cruz. Con la contrarreforma, al objeto de responder a las críticas de la herejía protestante a las penitencias, la Orden Franciscana favorece la expansión por todo el territorio nacional de las cofradías de penitentes y el culto a los santos. El espaldarazo definitivo lo pone el Concilio de Trento en su sesión XXV acordando favorecer a las cofradías penitenciales como medio de atracción laica a las manifestaciones pastorales y exhortando a los fieles a la veneración de las imágenes y a penitenciarse como acto de culto. Al amparo de este importante hecho, las cofradías que proliferan por conventos y parroquias alcanzan su máximo desarrollo entre 1570 y 1750, respondiendo a lo que se dio en llamar cofradía barroca o potenciadora de la exteriorización del desfile procesional con ayuda de imágenes de sereno y patético realismo sobre recargadas carrozas o tronos. Es por tanto desde el Concilio de Trento, cuando la imagen de la Virgen María portada en pasos comienza a incorporarse paulatinamente a las procesiones penitenciales de Semana Santa.

En la tarde del Domingo de Ramos de la Semana Santa que nos disponemos a vivir los católicos lucenses, la Cofradía del Desenclavo del Señor y de los Mayores Dolores de María Santísima restablece por segunda vez en la historia de la hermandad y tras un paréntesis de casi cuarenta años desde la última suspensión, la tradicional Procesión de la Virgen de los Dolores.
Son escasos los datos disponibles sobre la historia de esta procesión anteriores al pasado siglo XX. La causa, como siempre que tratamos sobre alguno de los distintos desfiles procesionales de la antigua Semana Santa lucense, se debe a que todos ellos fueron organizados desde sus inicios por la Orden Franciscana de Menores (PP. Franciscanos) y la Venerable Orden Tercera de San Francisco (VOT), en la actualidad rebautizada como Orden Franciscana Seglar (OFS), congregaciones que, como sabemos por otros artículos, tuvieron que soportar en los inicios del siglo XIX el saqueo de sus instalaciones por las tropas invasoras napoleónicas, con quema incluida de libros y documentación, y posteriormente, la confiscación de la práctica totalidad de sus propiedades impuesta por la arbitraria desamortización liberal.
Pese a todo ello, todavía disponemos de algunas pequeñas fuentes documentales rigurosas que nos informan que con anterioridad al año 1885, la VOT organizaba desde la Capilla de la Soledad la Procesión de la Virgen de los Dolores, la cual salía con una imagen de su propiedad el Domingo de Ramos en la ciudad de Lugo, como broche final de la Novena en honor a la Santísima Virgen de los Dolores que hasta ese año solía celebrarse en el lugar de forma que terminase siempre ese día. A partir de la fecha, la VOT acuerda que dicha novena comience siempre el jueves de la cuarta semana de Cuaresma para hacer coincidir su término con el propio día de Viernes de Dolores.
Una vez suspendida por primera vez la procesión a finales del siglo XIX, tenemos que hacer un viaje en el tiempo de casi ochenta años para descubrir su primer restablecimiento mediante la forma jurídica de ampliación del decreto 49 del Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis de Lugo, Doctor D. Antonio Ona de Echave, de fecha 24 de enero de 1964. El documento de la cancillería episcopal autoriza la celebración de la Procesión de la Virgen de los Dolores, organizada en esta nueva andadura exclusivamente por la Cofradía del Desenclavo del Señor y de los Mayores Dolores de María Santísima, de momento “ad experimentum” por un año.
Habían pasado más de ocho años desde que el día 3 de diciembre de 1955, la cofradía iniciara oficialmente la propagación del culto a la Virgen de los Dolores, añadiéndose al título inicial de “Cofradía del Desenclavo del Señor” el nuevo de carácter Mariano de “y de los Mayores Dolores de María Santísima”. Durante este tiempo, la cofradía reúne los fondos suficientes para comprar en 1958, siendo Hermano Mayor D. Manuel Sández Figueiras, la conocida imagen del Paso de la Virgen de los Dolores que se venera desde esa fecha y hasta la actualidad en la iglesia de los PP. Franciscanos de la ciudad, talla inspirada en la efigie de una estampa procedente de Navarra proporcionada por el prelado Ona de Echave, entonces todavía Obispo Auxiliar. Junto a esta nueva imagen del paso, que será la que desfile siempre en este segundo periodo, la cofradía también compra por encargo en 1964, bajo la dirección del Hermano Mayor D. José López Buide, una espectacular carroza, la de mayor tamaño de toda la Semana Santa lucense, que además sirve para portar el Paso del Desenclavo del Señor en la Procesión del Santo Entierro, realizada por el imaginero vivariense D. Jose Otero Gorrita, autor, entre otras obras, del Vía Crucis de los Franciscanos de Lugo, la sillería de la Concatedral de El Ferrol y las carrozas de la Virgen de la Soledad, Buen Jesús, Nazareno, Santo Cristo del Perdón y Virgen de la Piedad de nuestra ciudad. Consiste en un anda de cuatro metros y treinta y siete centímetros de largo, por dos metros y ochenta y cinco centímetros de ancho, y un metro setenta y cinco centímetros de alto, estilo renacimiento, abarrocada, tallada en madera de castaño en color nogal, patinada la talla en semidorado con cuarenta candelabros dorados, y montada sobre un chasis metálico de cuatro ruedas con volante de dirección y freno. En las cuatro esquinas de la plataforma superior lleva unos candelabros con cinco faroles de hierro forjado y lacados en negro, y en la parte anterior y posterior de la misma, respectivamente, una jardinera de madera tallada de color semidorado. Todo el sistema de iluminación funciona activado por baterías situadas en el interior del armazón, eliminándose para siempre velas y cirios. Haciendo juego, se fabrica una peana tallada que servirá para colocar más elevado el Paso de la Virgen de los Dolores cuando ésta salga en procesión.
El último de los costosos bienes adquirido por la hermandad en este periodo de tiempo con vistas a engrandecer el nuevo desfile, es el valioso manto de gran tamaño confeccionado en 1965 en Valencia con terciopelo negro bordado en oro y adornado con pedrería y perlas, que es considerado por los entendidos como uno de las más valiosos que existen en la Semana de Pasión gallega. La imagen de la Virgen se adorna también con esta prenda, desde la fecha y hasta mediados de los años setenta, en las sucesivas ceremonias del Acto del Desenclavo y el 15 de septiembre; habiéndose restablecido esta costumbre nuevamente y hasta la actualidad, desde el año 1997 cuando la Cofradía del Desenclavo del Señor celebraba sus bodas de oro.
Burocráticamente, el trámite de autorización de la Procesión de la Virgen de los Dolores fue bastante largo, iniciándose cinco años antes con la propuesta presentada por el Consiliario de la Cofradía R. P. Fray Miguel Quecedo Ortega en la reunión celebrada por la Junta de Cofradías de Semana Santa de Lugo el día 11 de febrero de 1959 en la sala de juntas del Seminario Diocesano bajo la presidencia del Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo Auxiliar de la Diócesis de Lugo Doctor D. Antonio Ona de Echave. Este prelado es el principal impulsor de la rápida concesión del permiso para la celebración del desfile una vez promovido al cargo de Obispo Titular y después de varios años de lenta ejecución administrativa. Si a este hecho unimos el dato anteriormente citado sobre el modelo de la talla y que fue él mismo en persona quien el día 28 de marzo de 1958, Viernes de Dolores, presidió el solemne acto de bendición de la imagen del paso y la imposición de medallas a los hermanos de vara y a las Hermanas Protectoras del culto a la Santísima Virgen de los Dolores, bien podemos afirmar que este primer restablecimiento de la Procesión de la Virgen de los Dolores se debe en gran medida a su empeño personal, además claro está, de la perseverante labor de las distintas directivas de la Cofradía del Desenclavo que supieron seguir adelante con el proyecto todo este tiempo sin desmotivarse.
Como punto final de los preparativos, el Hermano Mayor D. José López Buide consulta protocolariamente la opinión de la Junta de Cofradías en la reunión celebrada el día 21 de febrero de 1964 sobre cuál es el día idóneo para celebrar el nuevo desfile procesional, ya que se barajan dos posibilidades: bien el mismo Viernes de Dolores del calendario litúrgico de la época, o bien el Domingo de Ramos por la tarde que desde el año 1962 había quedado libre de procesiones al haberse producido el cambio de “La Borriquita” a la mañana. El día acordado definitivamente por ambas partes es el Viernes de Dolores que este primer año caía en 20 de marzo.
Al igual que había sucedido en 1952 con el primer intento de salida de todas las cofradías en aquel momento existentes acompañando la Procesión del Santo Entierro, la primera salida de la Procesión de la Virgen de los Dolores se frustra, cuando ya está la imagen de la Virgen colocada en su peana sobre la carroza, por causa del tradicional mal tiempo de Lugo en las fechas de Semana Santa, que tantos disgustos y desilusiones ha dado a las cofradías a lo largo de su historia. No hubo más remedio que recoger todo y esperar al año siguiente, 1965, para poder estrenar en desfile la nueva procesión, y así, el Viernes de Dolores día 9 de abril a las ocho de la tarde, la Procesión de la Virgen de los Dolores discurre por primera vez desde su recuperación por las calles lucenses escoltada por los hermanos de vara de la Cofradía del Desenclavo. El paso luce, además del ropaje de gala, el corazón con las siete espadas y la corona de plata de sus festividades, el espectacular gran manto valenciano. Es de lamentar un pequeño fallo, no previsto por los organizadores, que deslució un poco la vistosidad del manto: la falta de un armazón que extendiese debidamente el ornamento, incidencia que al año siguiente se subsanó. El itinerario seguido, partiendo desde el Convento de los PP. Franciscanos, fueron las calles y plazas: España, Reina, Santo Domingo, San Marcos, Bolaño Rivadeneira, Quiroga Ballesteros, Santo Domingo, Reina y España. La procesión del año 1966 discurre a la misma hora por el mismo trayecto, pero esta vez acompañada por la Banda Municipal de Música de Lugo. Llama poderosamente la atención de los fieles lucenses, según informan las crónicas periodísticas de la época, el precioso manto de la Virgen que esta vez iba colocado perfectamente, así como la asistencia de un elevado número de cofrades. El día 17 de marzo de 1967 a las ocho de la tarde, se celebra de nuevo el que por diversas circunstancias acabará siendo el último desfile de este período. En los años siguientes, 1968 y 1969, la intensa nevada y la fuerte lluvia respectivamente, impiden celebrar en ambos casos la procesión. A partir de esa fecha, se abre un ciclo de incertidumbre motivado por el debate creado con los cambios emanados del Concilio Vaticano II en relación al día de los Dolores, llegándose a aplazar pocas horas antes del comienzo del desfile las procesiones de los años 1970 y 1971. La cuestión se zanja en la reunión de la Junta de Cofradías de Semana Santa celebrada el día 19 de febrero de 1972, tomándose el acuerdo de suspender definitivamente, para adecuarse al nuevo calendario litúrgico, la celebración de la Procesión de la Virgen de los Dolores el antiguo día de Viernes de Dolores. La desilusión creada por todas estas vicisitudes adversas lleva a la Junta Directiva de la Cofradía del Desenclavo, presidida en aquel entonces por D. Jesús Cora Sánchez, a tomar la decisión de posponer para un futuro la posibilidad de realizar la procesión en otro día, situación que a la larga y por diversas causas ha durado hasta el presente año. En definitiva, la cronología de este desfile va por tanto desde el año 1964 hasta su desaparición en 1972, pudiéndose celebrar solamente al final tres de las ocho procesiones de la Virgen de los Dolores convocadas: las de los años 1965, 1966 y 1967.








Fdo: Juan Gabriel Pérez Martín.

Vicehermano Mayor de la Cofradía del Desenclavo del Señor
y de los Mayores Dolores de María Santísima.


Semana Santa de 2007.