Soy un "recusante"
Hoy ante la nueva avalancha de leyes que en contra de mi conciencia amenaza el gobierno, me viene a la memoria un antiguo termino con el que el estado Inglés calificaba a los católicos.
En la historia de Inglaterra recusación (en inglés Recusancy) era un término utilizado para describir el delito estatutario de no cumplir con ley de adhesión a la religión estatal, la Iglesia de Inglaterra. Hoy el gobierno de al que estoy obligado a padecer en esta tierra “por imperativo legal”, me impone a golpe de decreto, la confesión Laica como oficial del estado. Ya sea por medio de la manipulación de la enseñanza, ya sea por otros medios de coacción más o menos velados. Estos medios, los cuales y a tenor de los hechos (a nadie nos gusta que nos amenacen) en la actualidad son vistos como “Insuficientes” por los sectores más devotos del dogma laicista, lo cual es presagio de que tarde o temprano pasen a otro estado menos amigable. Decir que este proceso no es nada nuevo, ya en el espacio de tiempo que media entre el Siglo XVI al XIX, aquellos individuos encontrados culpables de tal crimen (de oponerse a la religión del estado en Inglaterra en este caso) eran llamados recusantes, y por lo tanto sujetos a penas civiles y a veces, especialmente en la parte más temprana de aquel período, a la penas criminales. El Ser Católico Romano fue sinónimo de recusante.
Lo más triste de este hecho es que todo esto era para enmascarar una realidad menos metafísica de lo que cavia suponer, pues los sectores más interesados de la Reforma atravesaban un serio vacio en las arcas lo que repercutía en gravámenes de los alquileres al pueblo llano y había que buscar el socorrido “Chivo Expiatorio” a todos estos males, y claro propagando una mentira bien contada a quien sea proclive a escucharla y ya tenemos montado el patíbulo.
Así que hermanos en la Fe, estad preparados, pues ya sabéis lo que os espera, van a por nosotros y para ello no dudaran en retorcer el “espíritu de las leyes” dirán lo mismo que el “amigo” Cromwell, que se os sanciona en nombre del Parlamento y del bien común, que es una manera bien “Chula” de llamar a las arcas de la banca y los poderosos, aunque tengamos que recurrir al perjurio, total es por la noble causa de la libertad –que en el fondo quiere decir el erario propio. Este método ya lo emplearon tras la denuncia de la corruptela empleada en el templo de Jerusalén lo cual supuso la condena de Jesucristo, no necesitaron ninguna prueba de culpabilidad real hacia el mismo, por eso recurrieron a la maledicencia y a lo mas cavernoso de la injuria, pero eso sí dentro de la más estricta legalidad vigente y con argumentaciones dentro de lo Políticamente correcto “Nosotros no tenemos más rey que el Cesar”). Por eso cuando os opongáis en conciencia a cualquiera de las cortinas de humo del “régimen” sobre temas como la familia, el Matrimonio, el derecho a la vida, la libertad de pensamiento… tened en cuenta que con todo esto solamente enmascaran la podredumbre de los bolsillos de estos nuevos “proxenetas” disfrazados de cargos públicos. Cuando mostréis vuestra opinión os tacharán de irrespetuosos con el supuesto rol por ellos asumido de que son “El gobierno legitimo” primeramente os calificaran como. “nueva extrema derecha” que es el primer épiteto salido de las mentes de estos necios, y más tarde os llevaran estos seres majaderos, inquilinos temporales de una vida llena de inmundicia, por los caminos que conducen ante sus bien pagados tribunales de “justicia” calificándoos a vosotros como peligrosos elementos asociales, y no mentirán pues en suma somos peligrosos para su plan de explotar al más débil.
Cuando esto suceda, que será mas bien pronto que tarde, tened siempre presente esta anécdota que os refiero a continuación:
En la persecución desatada en Inglaterra contra la Iglesia Católica a partir
de su separación de Roma, la celebración de la Santa Misa fue el objeto
principal de las iras del protestantismo anglicano. Hubo muchos mártires por ese motivo. Pero, si no se llegaba con muchos católicos al encarcelamiento y a la muerte, se les imponían multas severas, concretamente pagar cuatrocientos escudos al que iba a Misa o recibía la Comunión.
Un caballero muy flemático, con fe de santo y un humor fantástico, vende
sus fincas y distribuye el dinero el bolsas de cuatrocientas monedas para
tenerlas listas cada vez que le denunciaran. -Pero, ¿cómo hace esto?, le
preguntan. Y él, tranquilo a más no poder: -No veo mejor manera de emplear el dinero que sacrificando una PARTE por recibir al que es TODO.
Aunque parece que escribo esto para Inglaterra, creo que en este caso lo escribo mejor para otra parte del mundo, quizás “Mar por Medio”
José Manuel Abel Expósito.

