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La fiesta del Corpus Christi

Foto de noticia El Corpus Christi, (en latín, “cuerpo de Cristo”), es la fiesta de la Iglesia Católica instituida en el año 1264 por el Papa Urbano IV que honra la presencia de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía

El fin de toda fiesta en la Iglesia Católica es satisfacer la devoción que la Iglesia tiene a Jesucristo Salvador, a la Santísima Virgen y a los Santos.

El fruto especial que debemos pedir en la fiesta del Corpus Christi, es el de reparar con nuestro amor a la Eucaristía las ofensas que se cometen contra ella y el de poder asistir con frecuencia a la celebración y participación de tan Santo misterio, así como procurar que los Sagrarios sean constantemente acompañados.


Historia de la fiesta del Corpus Christi

Debido a que en Jueves Santo no podemos celebrar con toda la libertad y pompa que se merece el Santísimo Sacramento del altar, desde el siglo XIII la Iglesia celebra solemnísimamente la fiesta del Santísimo o Corpus Christi.

Es en este siglo cuando surge en la actual ciudad belga de Lieja (1) un Movimiento Eucarístico cuyo centro es la Abadía de Mont Cornillón, fundada en 1124 por el Obispo Monseñor Albero de Lieja. Este movimiento dará origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.
La fiesta del Corpus Christi fue instituida para toda la Iglesia por el Papa Urbano IV en 1264, último año de su breve pontificado de apenas tres. Su verdadero nombre era Jacques Pantaleón y había nacido en Troyes, ciudad del noreste de Francia, en fecha desconocida. Con anterioridad al año 1245 ejerce de archidiácono en Lieja, lugar que será determinante en toda esta historia. Desde 1249 ocupa el puesto de arcediano de la ciudad francesa de Laon. En 1253 es promovido a obispo de Verdún (Francia), y en 1255 nombrado patriarca de Jerusalén. Elegido Sumo Pontífice de nuestra Iglesia en 1261, es uno de los papas más importantes de la Edad Media, al haber conseguido reforzar el poder político del papado medieval y restaurar en Italia el orden en los Estados Pontificios. Sus reliquias están albergadas en la iglesia de San Urbano (comenzada en el siglo XIII) de su ciudad natal. Durante el tiempo de ejercicio como archidiácono de Lieja, Urbano IV toma su primer contacto con el Movimiento Eucarístico del lugar y conoce a Santa Juliana de Mont Cornillón, personaje clave de todo el proceso.

Santa Juliana de Mont Cornillón, religiosa perteneciente a las MM. Agustinas, nace en Retines cerca de Lieja en el año 1193. Habiendo quedado huérfana desde muy pequeña, es educada por las monjas Agustinas de Mont Cornillon. Pasados los años, es en esta misma Abadía donde hará su profesión religiosa, llegando a ser tiempo más tarde superiora de la comunidad. Desde muy temprana edad, Santa Juliana profesa una gran veneración al Santísimo Sacramento. La práctica de dicho culto hará crecer en su interior el fervoroso anhelo que la guiará durante toda su vida, en una campaña a favor de que toda la Iglesia celebre una fiesta especial en su honor. Este deseo, se dice había sido intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de una luna llena con una mancha negra, la cual significaba la ausencia de esta solemnidad. La santa, por aquellos años priora de la Abadía, comunica estas apariciones al obispo de Lieja, Monseñor Roberto de Thorete, al docto Dominico Hugo, que años más tarde llegaría a ser cardenal legado en los Países Bajos, y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja y posteriormente Papa Urbano IV.
Monseñor Roberto de Thorete queda sumamente impresionado y, toda vez que en aquella época los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, convoca un sínodo diocesano en 1246, y dispone que la celebración se tuviera al año entrante, al mismo tiempo que faculta a un monje llamado Juan para escribir el oficio de tal solemne ocasión. El decreto del obispo de Lieja se conserva en Binterim (Denkwürdigkeiten, V. I. 276) junto con algunas partes del oficio. Lamentablemente, el obispo Roberto no sobreviviò para ver realizada la ejecución de su mandato, ya que fallece el día 16 de octubre de 1246 y la fiesta no se celebra por primera vez hasta el año 1247. La fecha elegida es la del jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Poco tiempo después, un obispo alemán conocedor de la costumbre decide extenderla a su vez por todo el territorio de la actual Alemania.
Santa Juliana de Mont Cornillón, instrumento del que se vale la Divina Providencia desde el momento en que es ilustrada y alumbrada interiormente por Nuestro Señor Jesucristo para que procure la celebración de la fiesta del Corpus Christi por todo el orbe, fallece el día 5 de abril de 1258 en la casa de las monjas Cistercienses de Fosses, siendo sepultada en Villiers. La ermitaña Eva, con quien la santa había convivido durante un tiempo y que también era una ferviente adoradora de la Sagrada Eucaristía, será la continuadora de su labor.
A su vez, Jacques Pantaléon se convierte en papa el día 29 de agosto de 1261, tres años después de la muerte de Santa Juliana de Mont Cornillón, tomando el nombre de Urbano IV. La ermitaña Eva, sabedora de que el nuevo Pontífice, instigado en su día por la santa, es un firme partidario de la festividad, aprovecha la ocasión, y ruega encarecidamente al obispo de Lieja, Monseñor Enrique de Guelders, para que solicite del Vicario de Cristo extender oficialmente la celebración de la fiesta del Corpus Christi al mundo entero. Urbano IV accede rápidamente a la petición y así, el día 8 de septiembre de 1264, se publica la Bula Pontificia “Transiturus”, mediante la cual se ordena a toda la Iglesia la celebración anual de la fiesta del Corpus Christi en el Jueves siguiente al Domingo de Trinidad, concediendo al mismo tiempo muchas indulgencias a los fieles por su asistencia a la Misa y al Oficio. En esta Bula, el Papa Urbano IV, inmediatamente después de haber ensalzado el amor de Nuestro Señor Jesucristo como se expresaba en la Sagrada Eucaristía, también nos dice:

«Aunque ya se hace memoria (de la institución de la Sagrada Eucaristía) en el diario Sacrificio de la Misa, creemos, no obstante, que, para confundir la maldad de los herejes, es justo y digno que por lo menos una vez al año se celebre en su honor una fiesta especial. De esta manera se podrán reparar todas las faltas cometidas en todos los Sacrificios de la Misa y pedir perdón de las irreverencias en que haya incurrido durante su celebración y del descuido en la asistencia a ellas.» (2).

El Oficio de Corpus Christi, compuesto a solicitud de Urbano IV por el Doctor Angélico y Príncipe de los Escolásticos Santo Tomás de Aquino, es uno de los más bellos del Breviario Romano, y ha sido admirado desde entonces incluso por los Protestantes. Se cuenta por algunos biógrafos que el papa también encarga hacer la misma tarea a San Buenaventura, pero que cuando el Pontífice comienza a leer en voz alta el oficio realizado por Santo Tomás, San Buenaventura empieza a romper el suyo en trozos como reconocimiento público de su mayor calidad.

Probablemente, otra de las razones que llevaron al Santo Padre a instaurar la festividad del Corpus Christi en tan breve periodo de tiempo, fue la influencia ejercida sobre él por el famoso milagro eucarístico de Bolsena, localidad cercana a Orvieto (3), donde por aquel entonces la corte papal tenía establecida su sede. Así, durante el pontificado de Urbano IV, entre 1263 y 1264, tuvo lugar el conocido milagro por el cual, un sacerdote que celebraba la Santa Misa en Bolsena y tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real, en el momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando enseguida el corporal.
La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el día 19 junio de 1264, a petición de Urbano IV poco antes de su muerte, sirviendo de consuelo al Santo Padre en sus últimos días. Todavía hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en la ciudad de Orvieto, y también puede verse la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre (4).

La muerte del Papa Urbano IV acaecida el día 2 de octubre de 1264, apenas un mes después de la publicación de la Bula, obstaculiza al principio la difusión de la fiesta del Corpus Christi. Medio siglo más tarde, el Papa Clemente V retoma de nuevo el asunto durante el Concilio General de Viena de 1311, y una vez más ordena la celebración de esta festividad publicando para ello un nuevo decreto que incorpora la Bula de Urbano IV. El Papa Juan XXII, sucesor de Clemente V, también recomienda con insistencia su observancia y además, en el año 1317, promulga una recopilación de leyes añadiendo a las celebraciones de la fiesta del Corpus Christi la correspondiente procesión.
En ninguno de los decretos se habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de dicha celebración. Sin embargo, este tipo de procesión, que ya era celebrada regularmente por aquel entonces en algunos lugares y que se hizo bastante común en todo el orbe católico a partir del siglo XIV, es dotada con indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV durante la primera mitad del siglo XV.
En el siglo XVI, el Concilio de Trento viene finalmente a dar el impulso definitivo a la cuestión, declarando al respecto que, «muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.».

En definitiva, la fiesta del Corpus Christi está considerada como la festividad católica más popular, solemne y alegre. Se celebra el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, que a su vez depende de la fecha de la Semana Santa. Desde 1969 su celebración se ha ido trasladando en algunos países, entre ellos España, a una semana después del domingo de la Santísima Trinidad, debido a que la Santa Sede, para que no se pierda la memoria de algunas fiestas, permite que la solemnidad de aquéllas en que se ha quitado el precepto de guardarlas en el pueblo, se traslade al domingo siguiente, de modo que el oficio se celebre en el día propio, en este caso jueves, pero la solemnidad exterior litúrgica se tenga el primer día de la semana cristiana o día del Señor. Es además una de las fiestas del calendario litúrgico con Octava por ley universal (5).
Al tratarse de una fiesta universal, se celebra desde antaño, tanto en ciudades como en villas y aldeas, pero es en el contexto urbano y gremial donde llega a alcanzar mayor importancia debido a las espléndidas procesiones en la calle en las que participaban los gremios, los mercaderes, los magistrados, la nobleza y el clero. Las circunstancias especiales de las ciudades, con su vasto tejido social, su riqueza material y el siempre creciente número de pobladores, hacen que la fiesta adquiera en ellas con el tiempo una mayor vistosidad que en otro tipo de poblaciones. Por idéntico motivo, la paulatina desaparición de los gremios y las acometidas iniciadas en el periodo decimonónico contra alguno de sus viejos componentes por parte de los nuevos estamentos oficiales, contribuyeron a que los vistosos desfiles fueran poco a poco en decaimiento en la mayoría de los lugares donde antiguamente eran de un gran esplendor.

Al igual que en otras procesiones solemnes, es tradicional realizar en el trayecto por donde discurre la Procesión de la fiesta del Corpus Christi la llamada lluvia de pétalos. Otras costumbres extendidas desde antiguo que han perdurado hasta nuestros días en muchos lugares, son por ejemplo la de engalanar con toldos y banderas el camino y las casas del recorrido, y cubrir las calles a su paso con alfombras vegetales, como las realizadas en Galicia con el “fiuncho” o hinojo (6).

En la región gallega ya se celebraba la fiesta del Corpus Christi en los siglos XV y XVI en ciudades como Santiago de Compostela, Orense, Pontevedra y, como no, en nuestro querido Lugo.

A partir del siglo XVII, en esta siempre devota ciudad del Sacramento (7), adquiere relevancia especial la celebración del Domingo de Infraoctava (8) con la Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, acto que tiene lugar por vez primera el domingo 2 de junio de 1669 (9).

(Invito al lector a completar la información de todo lo relacionado con dicha Ofrenda en la mejor obra que sobre el particular se ha publicado, el libro escrito en 1995 por mi muy querido amigo, el M. I. Sr. D. José Molejón Rañón, Canónigo de la S. I. Catedral B. de Lugo, titulada “Historia de la Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento”).


“ Lugo, Tabor del Dios Eucaristía,
que con el blanco pan transustanciado
y de Dios por la gloria iluminado
fulguras sin eclipse noche y día.

Entre tus muros habitar ansía
quien vive de Jesús enamorado
para gozar su amor sacramentado
mientras llega la eterna Epifanía.

Venid junto a su Trono, adoradores,
que, si dejáis el templo solitario,
quizás Jesús, velando sus fulgores
se oculte entre las sombras del sagrario
y quede, del desvío a los rigores,
convertido el Tabor en un Calvario.”

(M. I. Sr. Dr. D. Ángel Garrote Martín, nacido en la ciudad de Salamanca en 1881;
canónigo Doctoral de la S.I.C.B. de Lugo y Provisor del Obispado de Lugo desde el día
25 de octubre de 1918 y Vicario General de la Diócesis de Lugo desde el día 31 de
diciembre de 1945 hasta el día 29 de octubre de 1950. Falleció en Lugo en el año 1975).


Sagradas Escrituras

“ Dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Disputaban entonces los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? ». Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. En el come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron. El que come este pan vivirá para siempre».”. (Juan 6, 51 – 58).


Del Oficio de Corpus Christi

«“El pan de los ángeles, el pan del hombre en camino, el verdadero pan de los hijos de Dios”.

Dios todopoderoso y eterno, heme aquí, acercándome al sacramento de vuestro Hijo único, nuestro Señor Jesucristo. Enfermo como estoy, vengo al médico de quien depende mi vida; sucio, a la fuente de la misericordia; ciego, al hogar de la luz eterna; pobre y desprovisto de todo, al dueño del cielo y de la tierra.

Imploro, pues, tu misericordia, tu inagotable generosidad, a fin de que te dignes curar mis enfermedades, lavar mis suciedades, iluminar mi ceguera, cubrir mi desnudez; y que así pueda yo recibir el pan de los ángeles (sl 77,25), al Rey de reyes, al Señor de los señores (1Tm 6,15), con toda reverencia y humildad, toda mi contrición y devoción, toda la pureza de mi fe, toda la firmeza de mis propósitos y la rectitud de intención que requiere la salvación de mi alma.

Dame, te lo ruego, no recibir simplemente el sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre, sino toda la fuerza y eficacia del sacramento. Oh Dios, lleno de dulzura, concédeme recibir de tal modo el Cuerpo de tu Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, este cuerpo material que él recibió de la Virgen María, que merezca ser incorporado a su Cuerpo místico y contado entre sus miembros.

Padre lleno de amor, concédeme que este Hijo muy amado que me preparo a recibir ahora bajo el velo que conviene a mi estado de viajero, pueda un día contemplar a cara descubierta y por la eternidad, a él que, siendo Dios, vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.».


(“Liturgia de las horas” de Santo Tomás de Aquino).


Calendario del presente año 2008


- Jueves, día 22 de mayo, fiesta del Corpus Christi.

- Domingo, día 25 de mayo, solemnidad del Corpus Christi.

- Domingo, día 1 de junio, Octava con la Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento.



¡ Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar !



Juan Gabriel Pérez Martín.
Vicehermano Mayor.
Cofradía del Desenclavo del Señor
y de los Mayores Dolores de María Santísima.


Ciudad del Sacramento, Pentecostés del año 2008.





Notas:

(1) Ciudad francófona del este del país situada a orillas del río Mosa fundada como obispado en el siglo VIII; a día de hoy es la capital de la provincia de Lieja en la región administrativa de Valonia.

(2) El nuevo Catecismo de la Iglesia Católica afirma: “2120 El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente substancialmente (cf CIC can. 1367; 1376).”.
El canon 1367 del vigente Código de Derecho Canónico prescribe que: “Quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica;”.

(3) Ciudad del centro de Italia perteneciente a la provincia de Terni, en la región de Umbría, situada a 96 km al norte de Roma.

(4) En los inicios del siglo XVI, el genial pintor renacentista italiano Rafael, a requerimiento del Papa Julio II, se encarga de la decoración mural de cuatro pequeñas “stanze” (habitaciones) en el palacio de la Ciudad del Vaticano; en la segunda estancia, conocida como la de Heliodoro, pintada entre 1512 y 1514 con ayuda de sus discípulos, se pueden contemplar varias escenas que representan el triunfo de la Roma católica sobre sus enemigos: “La expulsión de Heliodoro del templo”, “La liberación de San Pedro”, “El encuentro de Atila y León Magno” o finalmente “El milagro de Bolsena” a que nos hemos referido, todos ellos ejemplos de liberaciones gracias a la intervención divina.

(5) Octava es el espacio de ocho días, durante los cuales celebra la Iglesia una fiesta solemne o hace conmemoración del objeto de ella; también se denomina así al último de esos ocho días. Algunas fiestas más solemnes se continúan hasta los ocho días donde tienen otra segunda fiesta. Estas celebraciones se suceden durante toda la octava y especialmente en el día octavo.

(6) A finales del siglo XIX o comienzos del XX se empezó a practicar en algunos pueblos y ciudades gallegas la costumbre foránea de elaborar alfombras florales en sustitución de las vegetales en las vías por donde transita la procesión.

(7) Título por el que es conocida la ciudad de Lugo.

(8) Los seis días que se cuentan entre el de una festividad de la Iglesia y el de su octava.

(9) Único acto oficial celebrado ininterrumpidamente desde esa fecha hasta la actualidad en el que Galicia se comporta protocolariamente como antiguo reino.