Vía Crucis : Camino hacia la Cruz (Fray José Manuel Casal)
Desde hace varios años, nuestra Cofradía en unión con las otras, viene celebrando un vía crucis por la Muralla. Cada vez con más fieles que quieren expresar su pertenencia a una comunidad “peregrina”.
Caminar es un símbolo de disponibilidad, de decisión, de búsqueda. Se sale de una situación para llegar a otra.
Caminamos con otros. Nos gusta a todos compartir y manifestar nuestras convicciones: manifestaciones, protestas, desfiles… también manifestar nuestra fe.
Si esto se hace además con la presencia del Sr. Obispo, es la comunidad local la que manifiesta su conciencia comunitaria y con actitud penitencial su deseo esperanzado de llegar a “etapas” mejores y más pascuales.
Caminar con intención religiosa tiene un simbolismo especial. El peregrino experimenta con frecuencia un cambio interior: sale de su vida rutinaria, sufre incomodidades, rompe con muchas cosas, ve horizontes nuevos, se reencuentra con su propia soledad y tal vez se encuentra nuevos valores para llevar a su vida y así encontrar la “meta”. Ejemplos tenemos abundantes: Camino de Santiago, Javieranas en Navarra, Rocío en Huelva, marchas de fe y oración, antorchas en Lourdes… procesiones de Semana Santa. Verdaderos acontecimientos de fe y devoción aunque siempre haya que hacer un esfuerzo para no caer en la tentación del folklore.
Quisiéramos que el Vía crucis por la Muralla expresara que los cristianos de Lugo identificamos la fe con “seguir a Jesús”, y que para ello se ponen en camino. “Salir” de un estilo de vida hacia una “meta”, “caminan en unión” ayudándose en fraternidad, con intención de manifestar su fe. Caminar es significativo.
Y sobre todo, con mucha “marcha”. Porque el caminar es símbolo de una Iglesia en Marcha. Somos un pueblo que camina animado, alegre y esperanzado por la presencia de Jesucristo entre nosotros. Por eso caminamos con la Cruz. Con esperanza y realismo.
El adarve de la Muralla, testigo histórico de la llegada del cristianismo a Lugo y de tantas manifestaciones de fe vividas en tanto tiempo de existencia, va a contemplar un año más, cómo este pueblo sigue creyendo en Cristo libertador.
Si las poderosas piedras romanas de la muralla y en Jerusalén el pavimento de la Vía Dolorosa, fueron testigos mudos de la injusticia del hombre, hoy otra Muralla y otras piedras nos citan de nuevo para que vivamos el misterio de Cristo Muerto y Resucitado, firma y sello de la Reconciliación y del Amor.
Fr. José M. Casal O.F.M.


