Las Procesiones de Semana Santa
La Iglesia católica es consciente desde el concilio de Trento de la importancia que tiene la imagen, especialmente la de Cristo y María, y en general, el arte sacro, no sólo como apoyatura de los sentidos para la religiosidad del pueblo sencillo, sino como medio exaltador y propagandístico
1. Los desfiles procesionales.
El concilio Vaticano II, en el capítulo VII de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia que trata del arte y de los objetos sagrados, al mismo tiempo que intenta adaptarse a las expresiones artísticas de nuestro tiempo, resume el sentir de la Iglesia en otras épocas: servirse de las artes y adecuarse a las condiciones de los pueblos y de los tiempos, no considerando “como propio estilo artístico alguno”.
La Iglesia católica es consciente desde el concilio de Trento de la importancia que tiene la imagen, especialmente la de Cristo y María, y en general, el arte sacro, no sólo como apoyatura de los sentidos para la religiosidad del pueblo sencillo, sino como medio exaltador y propagandístico (la sesión XXV, la última, pero no por eso menos importante, se refiere a las imágenes, el culto a los santos y las reliquias). A partir de entonces, la llamada al sentimiento en las expresiones artísticas de los pasos de las procesiones de Semana Santa en España, y con ella la corriente penitencial y el auge de los nuevos temas y tipos que se remonta en su origen al franciscanismo del siglo XIII con la exaltación de un sereno y patético realismo, intenta combatir la postura contraria al culto a las imágenes, a los santos y a las reliquias propia de la herejía protestante y convertirse en prototipo de piedad sentimental y popular de amplia aceptación. Por lo tanto, en una etapa de la historia de nuestro continente caracterizada por un gran martirio y dolor entre los católicos por defender la pureza de la fe, Jesucristo se convierte por antonomasia en el gran mártir y María sintetiza el sufrimiento de todo un pueblo. De ahí, de esas tendencias, el auge y predominio de la plástica escultórica como la más apta para sintetizar lo concreto y lo real, la culminación de la misma con absoluto dominio de lo religioso y la preferencia por la talla en madera que puede adquirir mayor realismo, cercanía y transfiguración por medio de una rica policromía. De ahí también la extraordinaria floración de artistas y talleres (sobre todo en las regiones de Castilla y Andalucía) y el consiguiente apogeo de las procesiones de Semana Santa.
Estas, llegaron a convertirse en auténticas representaciones con todas las características de un drama teatral. Las distintas escenas pasan a ser sustituidas por las correspondientes de la Pasión, reproducidas en los pasos que desfilan por las calles de las ciudades y villas, entre sentimientos de veneración, piedad, compasión, ira y religioso respeto. El pueblo participa intensamente, contempla la Pasión de Cristo, asume sus dolores y sufrimientos, y vive los sucesos con apasionamiento superior al de la ficción teatral. Y todo esto en un periodo en el que el teatro estaba en dorado florecimiento, un teatro brillantísimo que se ve precisado a reservar su aspecto religioso para las “comedias de santos” y los autos sacramentales. La importancia que adquieren las procesiones de Semana Santa, que se multiplican en gran número por las poblaciones y gozan del general favor popular, se constata al compararlas con el escaso número de representaciones teatrales barrocas de la Pasión. Por ello, más que ninguna otra expresión plástica religiosa, incluso por encima de las representaciones de religiosos y de éxtasis, los desfiles procesionales de Semana Santa sintetizan mejor que otras muestras el poder persuasivo y el influjo del arte religioso, y la capacidad de un arte para expresar valores religiosos según el sentir de una época, fomentando al mismo tiempo la emotividad y los sentimientos religiosos de un pueblo.
De este modo, puede afirmarse que, desde sus inicios, las procesiones de Semana Santa buscan:
- Presentar corporeizados y escenificados los momentos de la Pasión y Muerte de Nuestro Salvador a un pueblo muy indoctrinado en los principios básicos de la fe y constantemente amenazado por el protestantismo que combatíamos en Europa, según las austeras exigencias del espíritu reformador.
- Mover a los fieles a la sensibilidad religiosa, a la devoción a los Sacramentos y a Nuestra Señora, y al respeto y veneración del culto sagrado.
- Partiendo del hecho básico de que el hombre es pecador, fomentar la dimensión penitencial.
La Iglesia Católica, apoyada en la autoridad de los más antiguos Santos Padres, introduce las procesiones en su liturgia para excitar y aumentar la piedad de los fieles, para manifestar públicamente los divinos beneficios recibidos, para dar gracias a Dios por ellos y para implorar la protección del Señor.
Las procesiones encierran magníficos y divinos misterios y vienen a significar una profesión pública de nuestra fe, una adoración de Dios y un reconocimiento de nuestra pequeñez y miseria. Así, acudimos con oraciones y cánticos litúrgicos al supremo Hacedor y celebramos sus grandezas en las procesiones del Santísimo Sacramento, de las Sagradas Reliquias y de los Santos Patronos de los pueblos, rogamos por las almas del Purgatorio en las de los difuntos, suplicamos misericordia en las de tiempo de guerra, de hambre, de pestes, de sequía, etc., pedimos al Señor algunos bienes en las procesiones de rogativas o, finalmente, hacemos penitencia en las de la Semana Santa para expiar nuestros pecados y purificarnos de nuestras culpas.
2. Las cofradías penitenciales.
Las cofradías son congregaciones o asociaciones de fieles formadas para ejercitarse en prácticas y obras de piedad.
Podemos distinguir tres tipos:
- Religiosas con esta exclusiva orientación.
- Religioso-benéficas para ayuda, asistencia y amparo de sus miembros.
- Gremiales.
El anterior Corpus Iuris Canonici legislaba, reconocía y disciplinaba en los capítulos II y III de su parte III, libro II, cánones 701 a 725, tres clases de asociaciones de fieles: terceras órdenes, cofradías y pías uniones. La constitución de las mismas sólo podía lograrse mediante decreto formal de erección dado por el ordinario del lugar o por el Romano Pontífice. En virtud de este decreto gozaban de personalidad jurídica. El canon 707 disponía que las asociaciones de fieles que fueran erigidas para ejercer alguna obra de piedad se denominarían pías uniones, y que cuando éstas se constituyeran como un cuerpo orgánico se les llamaría hermandades, las cuales, a su vez, si se fundaran para fomentar un determinado culto público, se llamarían cofradías.
Las cofradías penitenciales de Semana Santa pertenecen, por tanto, al grupo de asociaciones religiosas con esta exclusiva orientación, habiendo sido creadas en su momento con la intención de promover el culto a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y la práctica de la penitencia, calificándose por ello a sus componentes como penitentes cuando con tal fin acuden con su habito, en señal de humildad y modestia, en corporación a desfilar en las procesiones de Semana Santa, movidos por un ánimo expiatorio y no impetratorio.
3. La dimensión penitencial.
La penitencia es un precepto divino. En el Antiguo Testamento el mismo Dios se reservó un día para la penitencia: el día de la expiación (Lev. 23, 29). Jesucristo se refiere a ella como práctica imprescindible para la salvación: “Yo os digo que, sino hiciereis penitencia, todos igualmente perecereis” (Luc.13, 3-5).
El nuevo Código de Derecho Canónico reafirma la obligación por ley divina de hacer penitencia (canon 1249), recordando los tiempos de su realización en la Iglesia universal: todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma (canon 1250).
Los penitentes de los desfiles procesionales de Semana Santa, llevados por este espíritu, intentan expiar, con sus mortificaciones y disciplinas, las faltas cometidas, pensando que si han pecado, a menudo lo han hecho por amor a la comodidad y el placer, y es justo que expíen sus culpas con incomodidades y sufrimientos, siguiendo la máxima monástica en tiempo cuaresmal, “de hacer más de lo debido, para que los otros se animen a hacer lo imprescindible”.
Juan Gabriel Pérez Martín.
Vicehermano Mayor.
Cofradía del Desenclavo del Señor
y de los Mayores Dolores de María Santísima.
Lugo, Semana Santa 2007.


